Rusia es un destino de extremos: desde la elegancia imperial de San Petersburgo hasta la inmensidad salvaje del lago Baikal.
Es recorrer el Transiberiano, perderte en iglesias doradas y probar blinis en una cabaña siberiana.
Por ejemplo, no podés perderte Moscú: la Plaza Roja, el Kremlin y la catedral de San Basilio son imprescindibles.
Pero si buscás algo más auténtico y poco turístico, visitá Kizhi, en el lago Onega: una isla con iglesias de madera construidas sin un solo clavo, donde los lugareños aún cantan canciones tradicionales en invierno.
Sin embargo, hay lugares que conviene evitar, sobre todo de noche.
En Moscú o San Petersburgo, evitá zonas como Cherkizovsky Market (cerrado, pero su entorno aún es inseguro) o partes de los barrios periféricos como Lyublino o Kupchino después del anochecer.
Además, en zonas fronterizas del Cáucaso o cerca de Ucrania, hay tensiones geopolíticas; siempre consultá con tu embajada antes de viajar al sur.
La mejor época para viajar depende de la región.
En el oeste (Moscú, San Petersburgo), viajá entre mayo y septiembre: días largos, parques verdes y festivales al aire libre.
En Siberia (lago Baikal), el verano (junio–agosto) es ideal para trekking; el invierno (febrero–marzo) ofrece paisajes de hielo mágicos.
Evitá noviembre y abril, cuando el clima es gris y lluvioso.
Para moverte, usá el metro en Moscú y San Petersburgo: es barato, rápido y una obra de arte en sí mismo.
Los trenes de Russian Railways conectan ciudades con comodidad; el Transiberiano (Moscú–Vladivostok) es una experiencia épica.
Además, los vuelos internos son económicos si reservás con anticipación.
En ciudades pequeñas, los minibuses (marshrutkas) son comunes pero caóticos.
Rusia no es cara fuera de Moscú.
Los hostels y gostiny dvor (casas de huéspedes) cuestan desde 800 rublos la noche.
Dormir en cabañas en Karelia o en aldeas siberianas es una experiencia auténtica y económica.
Para comer bien sin gastar mucho, entrá a cualquier stolovaya (comedor soviético modernizado) o mercado: probá el borscht, los pelmeni (raviolis) o el syrniki (tortitas de requesón).
Una comida completa cuesta entre 300 y 500 rublos.
Además, los mercados como el de Izmailovsky en Moscú ofrecen souvenirs y comida casera a buen precio.
Manejá el dinero en rublos rusos (RUB).
Llevá efectivo, ya que muchas tarjetas occidentales no funcionan tras las sanciones internacionales.
Cambiá en casas de cambio oficiales o en bancos; evitá cambiar en la calle.
Por último, no te vayas sin asistir a una fiesta de Maslenitsa (despedida del invierno) en un pueblo rural o sin probar vodka con encurtidos directamente de una mesa familiar.
Esas experiencias te conectarán con el alma real de Rusia.
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La Geografía
Rusia es el país más grande del mundo, con más de 17 millones de km² que abarcan Europa del Este y el norte de Asia.
Limita con 14 países, incluyendo Noruega, Finlandia, China y Corea del Norte, y tiene costas en el océano Ártico, el Pacífico, el mar Báltico y el mar Negro.
Su geografía es extremadamente diversa: desde las llanuras del oeste hasta los montes Urales (frontera natural entre Europa y Asia), las estepas del sur, los bosques boreales (taiga) que cubren el 60 % del territorio y las montañas del Cáucaso, con el Elbrus (5.642 m), el pico más alto de Europa.
En Siberia, se encuentra el lago Baikal, el más profundo y antiguo del mundo (25 millones de años), que contiene el 20 % del agua dulce no congelada del planeta y alberga especies endémicas como la foca nerpa.
El clima varía drásticamente: templado en el oeste, subártico en el norte y continental extremo en Siberia, donde en invierno las temperaturas bajan a -50 °C.
Rusia también incluye archipiélagos árticos como Nueva Zembla y la península de Kamchatka, con más de 300 volcanes, 29 de ellos activos.
A pesar de su tamaño, más del 70 % de la población vive en la parte europea, al oeste de los Urales.
El país posee 48 parques nacionales y es hogar de osos pardos, tigres siberianos, lobos y renos.
Esta inmensidad geográfica permite experiencias únicas: navegar por el Volga, caminar por volcanes en Kamchatka o ver ballenas en el mar de Ojotsk.
La Historia
Rusia surgió en el siglo IX con la fundación de la Rus de Kiev por vikingos (varegos) y tribus eslavas.
En el siglo XIII, fue invadida por los mongoles, cuyo dominio duró 240 años.
Tras liberarse, el Gran Ducado de Moscú se expandió y en 1547 Iván el Terrible se proclamó primer zar.
En el siglo XVIII, Pedro el Grande modernizó el país y fundó San Petersburgo, abriendo Rusia a Europa.
Catalina la Grande expandió el imperio hasta el mar Negro y el Pacífico.
En 1917, la Revolución Rusa derrocó a la dinastía Romanov y dio paso a la Unión Soviética, el primer Estado comunista del mundo, liderado por Lenin y luego por Stalin.
Durante el siglo XX, la URSS se convirtió en una superpotencia, rivalizando con EE. UU. en la Guerra Fría.
Tras décadas de represión, escasez y conflictos (como la Guerra de Afganistán), el sistema colapsó en 1991, y Rusia recuperó su independencia bajo Boris Yeltsin.
Desde 2000, Vladímir Putin ha dominado la política rusa, restaurando el poder estatal y adoptando un nacionalismo conservador.
Rusia enfrentó aislamiento internacional tras la invasión de Ucrania en 2022.
Lugares como la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, el Museo del Hermitage o el monasterio de Serguiev Posad son testigos de su pasado imperial, soviético y espiritual.
A pesar de los cambios, la identidad rusa sigue marcada por la ortodoxia, la literatura (Dostoyevski, Tolstói) y el orgullo por su vastedad y resistencia histórica.
La Economía y cultura
La economía rusa se basa en petróleo, gas natural, minerales y armamento.
Es uno de los mayores exportadores de energía del mundo, lo que le da influencia geopolítica, aunque las sanciones occidentales han afectado su crecimiento.
Fuera de las grandes ciudades, Rusia es un destino económico para turistas.
Culturalmente, los rusos son intensos, hospitalarios y amantes de la literatura, la música y el teatro.
Una peculiaridad curiosa: el “dacha” no es solo una casa de campo, sino un símbolo de autosuficiencia; millones de rusos cultivan papas, pepinos y fresas allí cada verano.
El brindis ruso es largo y emocional; interrumpirlo o no mirar a los ojos al brindar se considera de mala suerte.
La comida es abundante y reconfortante: sopa de remolacha (borscht), estofado de carne (beef stroganoff), pan negro y té fuerte con limón.
Además, las fiestas populares como el Día de la Victoria (9 de mayo) o Maslenitsa (fiesta pagana de despedida del invierno) se celebran con desfiles, música y mesas compartidas.
Los mercados artesanales ofrecen muñecas matrioska, samovares y pañuelos de Pavlov Posad.
Los rusos valoran la profundidad emocional; no es raro que un desconocido te invite a su casa tras una conversación sincera.
A pesar de la fama de frialdad, su hospitalidad es legendaria: “Mi casa es tu casa” se toma muy en serio.
Esta mezcla de intensidad, generosidad y conexión con la tierra hace que Rusia no solo sea un destino turístico, sino una experiencia humana profunda.
