Palestina

Palestina: historia, hospitalidad y sabores que conmueven

¿Te imaginás caminar por las calles empedradas de Belén, beber té con una familia en un patio de Hebrón y ver el atardecer desde las colinas de Ramala?
Palestina es un destino profundamente humano, donde cada rincón cuenta una historia de resistencia, fe y generosidad.

Por ejemplo, no podés perderte la Basílica de la Natividad en Belén, uno de los lugares más antiguos de peregrinación cristiana del mundo.
Pero si buscás algo más auténtico y poco turístico, visitá el pueblo de Battir, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, donde los agricultores aún riegan sus huertos con un sistema romano de 2.000 años.
Allí podrás caminar por terrazas antiguas y compartir una comida casera con una familia local.

Sin embargo, hay lugares que conviene evitar, sobre todo de noche.
En ciudades como Nablus o partes de Hebrón (especialmente el área H2, controlada por Israel), es mejor no caminar solo después del anochecer.
Además, evitá acercarte a los asentamientos israelíes o a las cercas de separación sin un guía local, pueden haber controles militares o zonas de tensión.
Siempre revisá el estado de seguridad antes de viajar y consultá con tu embajada.

La mejor época para ir es entre marzo y mayo o septiembre y octubre: el clima es suave, ideal para caminar por pueblos y montañas.
En verano hace mucho calor, y en invierno puede llover fuerte en Cisjordania.

Para moverte, usá los servees (taxis colectivos) que conectan ciudades como Ramala, Belén y Jericó.
Son económicos, seguros y una forma auténtica de viajar.
También existen minibuses locales, aunque no tienen horarios fijos.
Si vas desde Jordania, podés cruzar por el puente Allenby y tomar un taxi a Jericó o Ramala.

Palestina es un destino muy económico.
Los hostels y guesthouses son muy económicos y muchos ofrecen desayuno casero incluido.
Dormir en casas de familia (a través de plataformas como Palestine Hosting) es una experiencia inolvidable.

Para comer bien sin gastar mucho, entrá a cualquier maṭʿam shaʿbi (restaurante popular) y probá el musakhan (pollo con cebolla y pan de sésamo) o el maqluba (arroz, verduras y carne invertido al servir).
Una comida completa cuesta menos de 5 dólares.
Además, los mercados de Nablus o Hebrón ofrecen dulces como el knafeh, famoso en todo el mundo árabe.

Manejá el dinero en shekels israelíes (ILS), ya que es la moneda de facto en Cisjordania.
Llevá efectivo, porque muchos lugares no aceptan tarjetas.
Cambiá en bancos o casas de cambio oficiales en Ramala o Belén.

Por último, no te vayas sin asistir a una fiesta de bodas palestina (si tienes la suerte de ser invitado) o sin comprar cerámica hecha a mano en un taller familiar de Hebrón.
Esas experiencias te conectarán con la esencia de Palestina, su gente.

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La Geografía
Palestina se refiere principalmente a los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza, ubicados en el Levante mediterráneo.
Cisjordania limita con Israel al oeste, norte y sur, y con Jordania al este, a través del río Jordán.
La Franja de Gaza, mucho más pequeña, está entre Israel al norte y este, Egipto al sur y el mar Mediterráneo al oeste.
Aunque políticamente fragmentada, geográficamente Palestina es diversa.
Cisjordania tiene montañas centrales (como las de Hebrón y Nablus), valles fértiles y el punto más bajo de la Tierra: el Mar Muerto, al que se accede desde Jericó, una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo.
El clima varía desde mediterráneo en las zonas altas hasta desértico en el valle del Jordán.
Gaza, en cambio, es plana y costera, con playas de arena dorada, aunque su acceso al mar está restringido.
La región alberga importantes cuerpos de agua subterránea, aunque el acceso a ellos está controlado por acuerdos políticos.
La geografía palestina ha sido moldeada por milenios de civilización, rutas antiguas, terrazas agrícolas y pozos bíblicos aún se usan hoy.
Además, su ubicación en el cruce entre África y Asia la convierte en un corredor histórico de comercio y peregrinación.

La Historia
Palestina es tierra sagrada para judíos, cristianos y musulmanes.
Ha sido habitada desde tiempos prehistóricos y fue parte de imperios como el egipcio, asirio, babilonio, persa, griego, romano, bizantino, árabe, otomano y británico.
En el siglo XX, tras la Primera Guerra Mundial, el Reino Unido recibió el mandato sobre Palestina.
Durante ese período, creció la inmigración judía, lo que generó tensiones con la población árabe local.
En 1947, la ONU propuso dividir el territorio en dos estados, pero el plan no se implementó.
Tras la guerra de 1948, Israel se estableció, y cientos de miles de palestinos se convirtieron en refugiados.
En 1967, durante la Guerra de los Seis Días, Israel ocupó Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este.
Desde entonces, los palestinos han luchado por su autodeterminación.
En 1993, los Acuerdos de Oslo crearon la Autoridad Nacional Palestina, con autonomía limitada en partes de Cisjordania.
Gaza fue gobernada por Hamás desde 2007, tras una división interna.
A pesar de la ocupación, los palestinos han mantenido su identidad a través de la cultura, la educación y la resistencia no violenta.
Lugares como la Mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, la Iglesia del Santo Sepulcro y las ruinas de Sebastia son testigos vivos de esta historia milenaria y compleja.

La Economía y cultura
La economía palestina es frágil y dependiente de la ayuda internacional, las remesas de emigrantes y el empleo en Israel.
Las restricciones de movimiento, los controles militares y el bloqueo a Gaza limitan el comercio, la agricultura y el turismo.
A pesar de esto, hay sectores resilientes: la agricultura (olivos, cítricos, dátiles), la artesanía (bordados tradicionales, cerámica de Hebrón) y un turismo cultural en crecimiento.
Para el viajero, Palestina es muy barata: se puede vivir cómodamente con 25–35 dólares al día.
Culturalmente, los palestinos son conocidos por su hospitalidad extrema.
Es común que te inviten a casa aunque acabes de conocerlos.
El té con menta y los dátiles son símbolos de bienvenida.
Una peculiaridad curiosa, el tatreez (bordado tradicional en vestidos femeninos) tiene patrones que indican el pueblo de origen de quien lo usa.
El olivo es un símbolo nacional; muchos árboles tienen más de 100 años y son parte de la herencia familiar.
La comida es rica y generosa, platos como el waraq dawali (hojas de parra rellenas) o el freekeh (trigo verde tostado) se preparan en celebraciones.
Además, las fiestas religiosas como el Eid al-Fitr o la Navidad en Belén se celebran con música, danzas dabke y mesas compartidas.

A pesar de las dificultades, la vida en Palestina late con una dignidad serena, una creatividad fértil y una conexión profunda con la tierra y la comunidad.