Explorar selvas milenarias, relajarte en playas de arena blanca y terminar el día comiendo nasi lemak en un puesto callejero con locales. Malasia es un destino que lo tiene todo, y a un precio sorprendentemente bajo.
Por ejemplo, no podés perderte Georgetown, en la isla de Penang, un laberinto de calles coloniales, murales callejeros y templos chinos, hindúes y malayos que conviven en armonía.
Pero si buscás algo más auténtico y poco turístico, visitá los pueblos de las Cameron Highlands, donde podrás caminar entre plantaciones de té, visitar mercados de agricultores y probar fresas recién cosechadas sin ver un solo tour grupal.
Sin embargo, hay lugares que conviene evitar, sobre todo de noche.
En Kuala Lumpur, evitá zonas como Chow Kit o partes de Jalan Sultan Ismail después del anochecer.
Además, en las islas del este (como Sipadan o Mabul), aunque son paraíso para buceadores, hay que estar atento a avisos de seguridad por posibles secuestros en zonas remotas cerca de Filipinas.
Siempre consultá con tu embajada antes de viajar al este de Sabah.
La mejor época para ir es entre marzo y octubre, cuando hay menos lluvia, especialmente en la costa oeste (Penang, Langkawi, Kuala Lumpur).
En el este (Borneo malayo), la temporada seca es de abril a septiembre.
Evitá los meses de noviembre a febrero si querés evitar las lluvias monzónicas.
Para moverte, usá el sistema de trenes KTM (económico y cómodo entre ciudades) o los autobuses de larga distancia como Aeroline o Transnasional.
En Kuala Lumpur, el metro (LRT/MRT) es limpio, seguro y barato.
Además, en islas como Penang o Langkawi, los grab (app de transporte) son muy económicos y confiables.
Malasia es un destino barato.
Los hostels y guesthouses son económicos y en pueblos rurales podés dormir en casas de familia.
Para comer bien sin gastar mucho, entrá a cualquier hawker center (puesto de comida callejera): probá el char kway teow, el roti canai o el laksa.
Una comida completa cuesta menos de 2 dólares. Además, el agua embotellada y el transporte local son muy económicos.
Manejá el dinero en ringgit malayo (MYR).
Las tarjetas funcionan en centros comerciales y hoteles, pero llevá efectivo para mercados, transporte y puestos callejeros.
Cambiá en casas de cambio oficiales (como en Bukit Bintang, KL) o en aeropuertos, donde las tasas son justas.
Por último, no te vayas sin asistir a una fiesta local en un pueblo de Borneo, o sin compartir una cena con una familia malaya en un kampung (pueblo tradicional).
Esas son las experiencias que te conectarán con el alma real de Malasia.
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La Geografía
Malasia está dividida en dos regiones no contiguas, Malasia Peninsular (al oeste) y Malasia Oriental (en la isla de Borneo, al este).
La peninsular limita con Tailandia al norte y Singapur al sur, y tiene costas en el mar de Andamán y el mar de China Meridional.
La parte oriental comparte la isla de Borneo con Indonesia y Brunéi.
Este país tropical se caracteriza por su biodiversidad extrema, selvas lluviosas que albergan orangutanes, tigres malayos y elefantes pigmeos, montañas cubiertas de niebla como el monte Kinabalu (4.095 m, el más alto del sudeste asiático), y más de 800 islas, muchas de ellas con arrecifes de coral intactos.
El clima es ecuatorial, cálido y húmedo todo el año, con temperaturas entre 25 y 32 °C.
Las lluvias son abundantes, especialmente durante los monzones de noviembre a febrero (este) y abril a octubre (oeste).
La geografía ha moldeado su desarrollo: las ciudades principales como Kuala Lumpur, Penang y Johor Bahru están en la península, mientras que Kota Kinabalu y Kuching son puertas de entrada a la naturaleza virgen de Borneo.
Los ríos, como el Rajang en Sarawak, son vías clave de transporte en zonas remotas.
Además, Malasia forma parte del “Triángulo de Coral”, la zona con mayor diversidad marina del planeta.
La Historia
Malasia ha sido un cruce de civilizaciones durante siglos.
Desde el siglo VII, reinos malayos como Srivijaya y Malacca dominaron las rutas comerciales del estrecho de Malaca, atrayendo a comerciantes árabes, indios y chinos.
En el siglo XV, el sultanato de Malacca se convirtió en un centro del islam en el sudeste asiático.
Luego llegaron los portugueses (1511), los holandeses (1641) y finalmente los británicos, que gobernaron hasta 1957.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón ocupó el territorio.
Tras la guerra, el movimiento independentista, liderado por Tunku Abdul Rahman, logró la independencia de la Federación Malaya en 1957.
En 1963, se formó Malasia con la unión de Malaya, Singapur, Sabah y Sarawak (Singapur se separó en 1965).
Desde entonces, el país ha mantenido una política de equilibrio entre sus tres grupos étnicos principales: malayos (mayoría musulmana), chinos y tamiles indios.
Esta diversidad ha generado tensiones, pero también una rica convivencia cultural.
Lugares como el fuerte A Famosa en Malacca o las minas de estaño en Ipoh son testigos de su pasado colonial.
Hoy, Malasia es una democracia parlamentaria con una identidad multicultural que se refleja en sus festividades, idiomas y arquitectura.
La Economía y cultura
Malasia tiene una economía diversificada y en rápido crecimiento.
Se basa en electrónica, petróleo y gas, palma aceitera, turismo y manufactura.
Es uno de los mayores exportadores mundiales de chips y productos derivados del aceite de palma.
Aunque el PIB per cápita ha aumentado, persisten desigualdades entre zonas urbanas y rurales, y entre grupos étnicos.
Para el viajero, es un destino muy económico, se puede vivir cómodamente con 30–40 dólares al día.
Culturalmente, Malasia es un crisol, malayos, chinos, indios y pueblos indígenas (como los Iban en Borneo) conviven en un equilibrio único.
El islam es la religión oficial, pero se respetan otras creencias.
Una peculiaridad curiosa en los hawker centers, es común que personas de distintas religiones coman juntas, cada una con sus platos típicos (halal, vegetariano, etc.).
Durante el Ramadán, los no musulmanes pueden comer en público, pero se espera discreción.
La comida es una fusión vibrante, el nasi lemak (arroz con leche de coco) es el desayuno nacional, mientras que el rendang (guiso de carne con coco y especias) es un plato ceremonial.
Además, las fiestas como el Hari Raya (fin del Ramadán), el Año Nuevo Chino y el Deepavali (festival hindú de las luces) se celebran con desfiles, luces y comida compartida.
Los malayos valoran la cortesía y la armonía; es común usar ambas manos al dar o recibir algo.
A pesar de su modernidad, Malasia conserva un alma tradicional que se revela en los mercados matutinos, en las canciones de los vendedores ambulantes y en la sonrisa de sus habitantes.
