Caminar por un bosque silencioso con sonido de grullas, perderte en calles de Riga con fachadas de Art Nouveau y probar pan negro en un mercado local.
Letonia es un destino poco conocido que combina naturaleza virgen, historia soviética y calma auténtica.
Por ejemplo, no podés perderte Riga: su casco antiguo, con iglesias medievales y cafés acogedores, es Patrimonio de la Humanidad.
Pero si buscás algo más tranquilo y poco turístico, visitá Kuldīga, en el oeste: un pueblo con el puente de ladrillo más ancho de Europa, cascadas escondidas y ferias donde los vecinos venden miel de pino y lino tejido a mano.
Sin embargo, hay lugares que conviene evitar, sobre todo de noche.
En Riga, evitá zonas como Maskavas Forštate (Moscow District) o partes del barrio de Sarkandaugava después del anochecer.
Aunque Letonia es segura en general, en áreas industriales o poco iluminadas puede haber situaciones incómodas.
La mejor época para viajar es entre mayo y septiembre: el clima es suave, los días son largos y los bosques están llenos de bayas y setas.
Si querés ahorrar y no te importa el frío, viajá en otoño (octubre–noviembre): hay menos turistas y los colores del bosque son espectaculares.
Para moverte, usá los autobuses de 1188.lv o Lux Express: son cómodos, económicos y conectan ciudades e islas.
Además, los trenes de PV conectan Riga con Liepāja, Daugavpils y otras ciudades, aunque son lentos pero pintorescos.
En Riga, el transporte público (tranvía, autobús, trolebús) es eficiente y funciona con la tarjeta e-talons.
Alquilar una bicicleta o un auto es ideal para explorar parques nacionales o la costa del Báltico.
Letonia no es cara.
Los hostels y viesnīcas (pensiones familiares) cuestan desde 20 euros la noche.
Dormir en granjas rurales o en cabañas de madera en el Parque Nacional de Gauja es una experiencia auténtica y económica.
Para comer bien sin gastar mucho, entrá a cualquier krodziņš (taberna local) o mercado: probá el grey peas with bacon, el sklandrausis (pastel de remolacha y papa) o el rye bread ice cream.
Una comida completa cuesta entre 8 y 12 euros.
Además, los mercados como el de Riga Central Market – en hangares antiguos de zeppelines – ofrecen productos frescos y platos tradicionales a buen precio.
Manejá el dinero en euros (€).
Las tarjetas funcionan en casi todos lados, pero llevá algo de efectivo para mercados rurales y transporte local.
Muchos pequeños puestos aún prefieren efectivo.
Por último, no te vayas sin asistir a una fiesta de verano en un pueblo de Kurzeme o sin probar cerveza directamente de una microcervecería familiar en Cēsis.
Esas experiencias te conectarán con el alma real de Letonia.
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Reseña final
La Geografía
Letonia se encuentra en el noreste de Europa, en la costa oriental del mar Báltico.
Limita con Estonia al norte, Lituania al sur, Rusia al este y Bielorrusia al sureste.
Tiene una costa de más de 500 km con playas de arena, acantilados y puertos históricos como Ventspils y Liepāja.
Más del 50 % del territorio está cubierto por bosques de pino, abedul y aliso, y alberga más de 3.000 lagos y 12.000 ríos, incluyendo el Daugava, el más importante del país.
El clima es templado continental: inviernos fríos con nieve (de diciembre a marzo) y veranos suaves (17–22 °C) con largas horas de luz.
Letonia es uno de los países más planos de Europa; su punto más alto, el Gaiziņkalns, apenas alcanza los 312 metros.
A pesar de su tamaño pequeño, es extremadamente rico en biodiversidad: alces, linces, osos pardos y aves como la grulla común habitan en sus bosques y humedales.
Además, el país tiene cuatro parques nacionales, como Gauja y Slītere, que protegen paisajes únicos de dunas, turberas y bosques vírgenes.
La región de Kurzeme, en el oeste, es conocida por sus dunas móviles y su costa salvaje.
Esta combinación de bosques, ríos, costa y ciudades históricas hace de Letonia un destino ideal para amantes de la naturaleza tranquila, el senderismo y la observación de fauna.
La Historia
Letonia ha sido habitada desde la Edad de Piedra, con tribus bálticas como los letgalianos y los curonios.
Durante la Edad Media, fue invadida por cruzados alemanes, que fundaron Riga en 1201 y establecieron el control de la Orden Livona.
Durante siglos, el territorio estuvo bajo dominio extranjero: primero de la Mancomunidad Polaco-Lituana, luego de Suecia, y finalmente del Imperio Ruso desde 1795.
Tras la Primera Guerra Mundial, Letonia declaró su independencia en 1918.
Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, fue ocupada primero por la Unión Soviética en 1940, luego por la Alemania nazi en 1941, y nuevamente por la URSS en 1944.
Durante la ocupación soviética, decenas de miles de letones fueron deportados a Siberia, y se intentó borrar su identidad cultural.
Sin embargo, la resistencia pacífica persistió, culminando en el “Canto de la Revolución” de 1988, donde cientos de miles se reunieron para cantar himnos prohibidos.
En 1991, Letonia recuperó su independencia de forma pacífica.
Desde entonces, ha construido una democracia moderna, entró en la OTAN y la UE en 2004, y adoptó el euro en 2014.
Lugares como el Museo de la Ocupación en Riga, las iglesias medievales de Cēsis o el Castillo de Turaida son testigos de su pasado complejo.
Además, Letonia es cuna de una de las lenguas más antiguas de Europa, el letón, perteneciente a la familia báltica, cercana solo al lituano.
La Economía y cultura
La economía letona se basa en servicios, madera, maquinaria, turismo y logística (gracias a sus puertos del Báltico).
Aunque ha crecido desde la independencia, sigue siendo más barata que sus vecinos nórdicos, lo que la convierte en un destino accesible.
Culturalmente, los letones son reservados, amantes de la naturaleza y muy conectados con sus raíces rurales.
Una peculiaridad curiosa: el canto coral es parte esencial de su identidad; cada cinco años se celebra el Festival de Canto y Danza, donde más de 20.000 personas participan en Riga.
El “Jāņi” (Noche de San Juan) es la fiesta más importante del año, celebrada con fogatas, coronas de flores, queso fresco y canciones tradicionales en el campo.
La comida es sencilla y basada en productos locales: centeno, patatas, pescado del Báltico, bayas silvestres y productos lácteos.
Además, las fiestas populares como las ferias de otoño en Sigulda o los mercados navideños en Riga son celebraciones comunitarias llenas de artesanías y música folclórica.
Los mercados artesanales ofrecen tejidos de lino (Letonia es famosa por su lino de alta calidad), cestas de mimbre y objetos de ámbar del Báltico.
Los letones valoran la privacidad, la puntualidad y la vida al aire libre; es común que pasen fines de semana en su vasarnīca (cabaña de verano).
A pesar de su fama de seriedad, tienen un gran sentido del humor seco y disfrutan de la música electrónica y festivales modernos.
Esta mezcla de tradición ancestral y modernidad tranquila hace que Letonia no solo sea un destino turístico, sino una experiencia auténtica y memorable.
