Israel

Israel: historia, sabores auténticos y paisaje que asombran

Caminar por calles donde conviven mezquitas, iglesias y sinagogas, flotar en el Mar Muerto y compartir hummus con un abuelo en un mercado de Jerusalén.
Israel es un destino intenso, lleno de contrastes y emociones.

Por ejemplo, no podés perderte la Ciudad Vieja de Jerusalén: cada piedra cuenta una historia milenaria.
Pero si buscás algo más tranquilo y auténtico, visitá la Galilea, especialmente pueblos como Safed o Rosh Pina, donde encontrarás artistas locales, mercados de especias y vistas al lago Kinneret (Mar de Galilea) sin aglomeraciones turísticas.

Sin embargo, hay zonas que conviene evitar, sobre todo de noche.
En Jerusalén Este o ciertas partes de Tel Aviv como Florentin (aunque es cool de día), es mejor no caminar solo después del anochecer.
Además, evitá acercarte a las fronteras con Gaza o el sur del Líbano, ya que pueden haber alertas de seguridad.
Siempre revisá las recomendaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de tu país antes de viajar.

La mejor época para ir es entre marzo y mayo o septiembre y noviembre, el clima es suave, ideal para caminar y explorar.
En verano hace mucho calor, especialmente en el sur (desierto de Negev), y en invierno puede llover en el norte.

Para moverte, usá los trenes interurbanos (limpios, puntuales y económicos) o los autobuses Egged, que conectan todo el país.
En Tel Aviv, el sistema de bicicletas públicas Tel-O-Fun es una opción divertida y barata.
Además, en ciudades pequeñas como Akko o Haifa, caminar es la mejor forma de descubrir rincones escondidos.

Israel no es un destino barato, pero podés viajar de forma económica si sabés cómo.
Los hostels y guesthouses no son tan caros y muchos ofrecen desayuno incluido.
En cuanto a comida, entrá a cualquier hummusia local (como Abu Hassan en Akko o Lina en Jerusalén) y probá el hummus con falafel y pan pita recién horneado.
Una comida así cuesta menos de 8 dólares y es una experiencia cultural en sí misma.

Manejá el dinero en shekels (ILS).
Las tarjetas funcionan en casi todos lados, pero llevá efectivo para mercados y transporte local.
Cambiá en casas de cambio oficiales o en bancos, nunca en la calle.

Por último, no te vayas sin asistir a una cena de Shabat con una familia local (muchas ofrecen esta experiencia a través de plataformas como Abraham Hostel), o sin probar el malawach (pan hojaldre yemení) en un puesto callejero.
Esas son las experiencias que hacen de Israel un viaje inolvidable.

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La Geografía
Israel se encuentra en el Medio Oriente, en la costa oriental del mar Mediterráneo.
Limita con Líbano al norte, Siria al noreste, Jordania al este y Egipto al suroeste.
Aunque es un país pequeño, su diversidad geográfica es sorprendente.
En el norte, la Galilea es verde y montañosa, con viñedos, bosques y el lago Kinneret, el cuerpo de agua dulce más bajo del mundo.
Hacia el centro, la región de Shfela y la llanura costera (donde están Tel Aviv y Haifa) es fértil y densamente poblada.
Al sur, el desierto de Negev domina el paisaje, con formaciones rocosas únicas como el cráter de Makhtesh Ramon.
Al este, el valle del Jordán desciende hasta el Mar Muerto, el punto más bajo de la Tierra (430 metros bajo el nivel del mar), famoso por su alta salinidad que permite flotar fácilmente.
Israel tiene acceso al mar Mediterráneo al oeste y al golfo de Áqaba (mar Rojo) al sur, donde está Eilat, un destino de buceo espectacular.
El clima varía desde mediterráneo en el norte hasta desértico en el sur.
A pesar de su tamaño, alberga microclimas que permiten cultivar desde cítricos hasta dátiles.
La geografía ha sido clave en su historia: ubicado en la “tierra puente” entre África, Asia y Europa, ha sido ruta de comerciantes, peregrinos y ejércitos durante milenios.

La Historia
Israel es tierra sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, y su historia se remonta a más de 3.000 años.
Fue el hogar de los reinos de Israel y Judá, y lugar de nacimiento del judaísmo y el cristianismo.
En el siglo I a.C., fue conquistado por los romanos, lo que desató rebeliones y la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d.C., evento que marcó el comienzo de la diáspora judía.
Durante siglos, la región fue gobernada por bizantinos, árabes, cruzados, mamelucos y otomanos.
En el siglo XX, el sionismo impulsó el retorno de judíos a su tierra ancestral, lo que generó tensiones con la población árabe local.
Tras el Holocausto, la ONU propuso en 1947 la partición del territorio en dos estados.
En 1948, se declaró el Estado de Israel, lo que desató una guerra con sus vecinos árabes.
Desde entonces, ha vivido en un estado de conflicto intermitente, con guerras importantes en 1967 (Guerra de los Seis Días) y 1973 (Guerra de Yom Kippur), y tensiones continuas con Palestina.
A pesar de esto, Israel ha construido una democracia vibrante, con una economía avanzada y una sociedad multicultural.
Lugares como Masada, Cesarea, Belén y Nazaret son testigos vivos de esta historia compleja y apasionante.
Hoy, el país es un mosaico de culturas, judíos de Europa, África, Asia y América conviven con árabes israelíes, drusos, beduinos y otros grupos, cada uno aportando a la identidad nacional.

La Economía y cultura
Israel tiene una de las economías más innovadoras del mundo, conocida como la “nación startup”.
Se basa en tecnología, ciberseguridad, agricultura de precisión, biotecnología y turismo.
Aunque es un país pequeño y sin recursos naturales abundantes (excepto gas natural descubierto recientemente en el Mediterráneo), ha logrado un PIB per cápita alto gracias a la educación y la inversión en I+D.
El costo de vida es elevado, especialmente en Tel Aviv, pero es posible viajar de forma económica si se evitan restaurantes turísticos y hoteles de lujo.
Culturalmente, Israel es una mezcla fascinante de tradición y modernidad.
El shabat (de viernes al atardecer a sábado al anochecer) es sagrado para los judíos religiosos, muchos negocios cierran, y en ciudades como Jerusalén no circulan autobuses.
Sin embargo, en Tel Aviv, el shabat se vive como un día de playa y brunches relajados.
Una peculiaridad curiosa, el hummus es casi una religión nacional, y cada región (e incluso cada familia) tiene su propia receta.
Los israelíes son directos, apasionados y muy hospitalarios; no es raro que un desconocido te invite a su casa si te ve perdido.
La comida es una fusión de influencias, desde el falafel y el sabich (berenjena frita con huevo) hasta postres como el knafeh (queso con sirope de rosas).
Además, las fiestas judías como Hanukkah o Purim se celebran con música, disfraces y comida típica.

A pesar de los desafíos geopolíticos, la vida en Israel late con una energía intensa, creativa y profundamente humana.